Extremadurazo: cuando el fútbol volvió a ser del pueblo

 Hay días que parecen escritos con la tinta del destino, y el 28 de octubre de 2025 será uno de esos que Almendralejo no olvidará jamás. El Francisco de la Hera se vistió de azulgrana, de ilusión y de orgullo para vivir una noche que, por momentos, pareció un sueño: el CD Extremadura 1924, equipo de Segunda Federación (cuarta división del fútbol español) eliminó a la UD Las Palmas, equipo de Segunda División, por un contundente 3-1.

No fue suerte. Fue fútbol. Pero de ese fútbol que ya casi no se ve: el que se juega con el alma, el que huele a hierba húmeda y bocadillo envuelto en papel de aluminio, el que no necesita VAR para ver quién lo merece.

Desde temprano, Almendralejo era una fiesta. Las calles olían a café y nervios, los bares mezclaban cañas con cánticos, y hasta los que no siguen la liga tenían el corazón encogido. Porque cuando juega el Extremadura, no es solo un equipo: es el pueblo entero. Es la herencia de los que vieron al club subir a Primera en los 90, de los que lloraron su desaparición, y de los que, en 2024, se atrevieron a levantarlo de nuevo.

Ayer, el fútbol les devolvió una de esas noches que justifican años de espera.

El primer gol de Marco Manchón en el 14', fue la chispa que encendió la mecha. Lo gritó todo el estadio tras una fallo del portero visitante, con ese rugido que solo se da cuando el pueblo se reconoce en un balón. En el 61', Imanol Barace, desde los once metros, puso el segundo con la calma de quien sabe que está escribiendo historia. Y aunque Pezzolesi recortó distancias para Las Palmas en el 77', el golpe final lo dio Frodo, en el 90+1, con un gol que ya pertenece a la memoria colectiva de Almendralejo.

El Francisco de la Hera tembló. No por miedo, sino por emoción pura. Porque esto no era un partido de Copa: era una vindicación. Era la prueba de que el trabajo, la humildad y el amor por lo que se hace todavía pueden ganarle a un presupuesto millonario.

El puente entre dos mundos: Juanito Rodríguez

Y si hay alguien que entiende lo que significa este duelo más que nadie, ese es Juanito Rodríguez. Canario de nacimiento, extremeño por elección. Un defensa con alma de delantero —45 goles en su carrera— que dejó huella tanto en la UD Las Palmas como en el Extremadura

Debutó en el fútbol profesional con el equipo de su tierra, Las Palmas, "el club que me dio la oportunidad de ser profesional", como él mismo recuerda. De ahí pasó al Zaragoza, al Atlético de Madrid y al Sevilla, pero su historia más humana empezó en Almendralejo, cuando fichó por un equipo que "nadie sabía ni colocar en el mapa".

"Vine por seis meses y estuve ocho años. Y todavía sigo", me dijo entre risas, recordando cómo llegó sin conocer ni Mérida ni Almendralejo, y cómo acabó echando raíces en la ciudad.

Lo vio todo, llegó una vez el Extremadura ya estaba en primera, pero vio las noches mágicas en el Francisco de la Hera, la visita de los grandes, la ilusión de un pueblo que por fin se veía reflejado en un club de Primera. "Era algo insólito —contaba— ver llegar al Madrid o al Barça a un campo humilde, con una afición que creía sin dudar. Ese campo tenía magia".

Esa magia sigue ahí. Cambió de nombre el club, pasaron los años, pero el espíritu permanece. Y Juanito lo sabe bien. Hoy trabaja como asesor presidencial y jefe de ojeadores de la UD Las Palmas, pero su corazón sigue dividido. Lo dijo sin esconderlo:

"El corazón es amarillo... pero muchas veces se viste de rayas azulgranas."

Durante nuestra conversación, le pregunté qué pensó cuando el sorteo emparejó a dos de sus equipos de vida. Me contó que lo llamaron enseguida, que le gastaron bromas, que sus amigos canarios le decían que había "amañado las bolas calientes". Pero en su voz había algo más que humor, había orgullo.

"El Extremadura tiene un buen equipo. En su categoría es superior. Tiene una afición que aprieta, un campo que empuja. Hay que ir con humildad, porque este equipo te compite. Y si te relajas, te pasa por encima."

Dicho y hecho.

El regreso de la fe azulgrana

Lo que se vivió anoche no se explica con estadísticas. Fue un acto de fe colectiva. Un equipo renacido, un estadio que rugió como si el tiempo no hubiera pasado, y una afición que por fin tuvo una noche para gritarle al país que Extremadura está viva.

Almendralejo volvió a vibrar como en los viejos tiempos, cuando la ciudad entera se paralizaba para ver a su equipo en Primera. Porque aquí, el fútbol no es una distracción: es identidad, es pertenencia. Es lo que hace que un niño sueñe con debutar algún día y que un abuelo vuelva a ponerse la bufanda.

El nuevo Extremadura no tiene estrellas mediáticas, pero tiene algo que no se compra: hambre. Tiene una plantilla que madruga para entrenar, que se deja el alma por una camiseta y que, en noches como esta, demuestra que los milagros son solo trabajo con fe.

Y eso lo entiende Juanito mejor que nadie. Él, que fue jugador, presidente y entrenador. Él, que vivió la parte más alta y más dura del fútbol. Él, que aún repite un consejo sencillo para los jóvenes de Almendralejo:

"Tened ilusión. Caerse no importa, lo importante es volver a levantarse. El fútbol da oportunidades."

Una noche para recordar

Cuando el árbitro pitó el final, el marcador decía 3-1, pero en realidad decía mucho más. Decía que los sueños no entienden de categorías. Que un pueblo pequeño puede hacerse gigante. Que las cosas bien hechas, con cariño y convicción, acaban teniendo recompensa.

Anoche, el CD Extremadura 1924 no solo pasó de ronda. Anoche, Almendralejo volvió a sentirse grande. Anoche, los que alguna vez lloraron por el adiós de un viejo club, encontraron un motivo para volver a creer.

Y si Juanito —que ya ha vivido todas las caras del fútbol— estaba en el campo, estoy seguro de que ha sonreído en silencio, viendo como el círculo se cerraba: el equipo de su corazón ganándole al equipo de su vida.

Porque en el fondo, esto es el fútbol.

Un balón, un campo, un pueblo y una historia que nunca se rinde.



Jugadores y cuerpo técnico del CD Extremadura 1924 tras ganar a la UD Las Palmas - X


 

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