El gol que fue perfecto... y aun así no bastó
Hay goles que te dejan feliz y hay goles que te dejan pensando. El de la falta de Messi al Liverpool en el Camp Nou es de los segundos, porque fue tan limpio, tan redondo, tan "eso no lo hace nadie", que parece mentira que terminara convertido en una anécdota dentro de una eliminación. La noche iba con la lógica puesta. Barça-Liverpool, semifinal de Champions, tensión de las que se mastican. El partido tenía ese sonido de suela y respiración, ese clima de "cuidado con el siguiente detalle". Y entonces Messi, que a veces parecía jugar con la realidad como quien dobla una servilleta, se plantó delante del balón para tirar una falta que no era solo una falta, era una invitación al destino: pared de jugadores, portero colocado, estadio conteniendo el aire. Lo recuerdo como se recuerdan las cosas importantes: no por el minuto exacto, sino por la sensación en el cuerpo. El segundo previo fue un segundo de iglesia. Y cuando golpeó, el balón no voló: obedeció. Hizo ese cam...